viernes, 29 de mayo de 2015

Última modificación 06/09/2014 2:45 a.m.

Que de qué manera. No lo sé. Otra vez bailan las bailarinas y los actores mienten frente a una cámara. Otra vez los artistas son víctimas de un ataque de inspiración. ¿Qué habrá hecho ella esta vez? Cada vez quiere sorprender al mundo de una manera diferente. Ella es así como artista. Yo soy su amigo. Y también miento; le digo: “hey, qué increíble. Está bien vergas”. Ella sonríe pero nadie le compra. Estoy seguro que se queda toda la noche escuchando mis palabras. Ella tal vez me creyó. Pero ni siquiera yo lo hice. Fue víctima de su propia mierda. De mis mentiras. Odio a los mentirosos. Yo soy uno de esos. Es verdad. La gente nos cae mal. Más mal nos caen aquellas personas con las que somos iguales. ¿Te has detenido a pensar? Quiero tomarme una cerveza con mi enemigo. Y contarle mis penas. ¿Y qué si mañana me divulga? ¿Y qué? Yo me lo busqué. Y lo haría de nuevo. Y otra vez los poetas sacan su pluma y empiezan a tiritar un sinfín de basura que solo podría significar algo para ellos. Cosas más rebuscadas que las palabrejas en los estados del jovenzuelo Olmedo. Literatura reciclada de falsos artistas, de esos que se llaman así mismos lo que dicen ser. “Yo soy poeta” ¿Por escribir poesía? ¿Qué clase de poesía? ¿Quién fue el cruel bastardo sin piedad que te ha dicho que lo eres? De seguro un amigo tuyo. Uno cobarde. Uno que no tuvo el valor de decirte que lo que haces es mierda. Que te busques un oficio o algo que no te mate de hambre a la larga. No, tú no naciste para esto. Yo me quedo aquí. Observo cómo interactúan individuos. Como se matan entre ellos. Hay políticos. Hay ingenieros. Hay abogados, arquitectos y escritores. Todos andan por ahí, esforzándose, no por mejorar. Por ver quien tira más piedras al lugar donde trabajan. 

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